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Los azares de la vida me han traído a un pueblo en la falda de lo Pirineos, llamado Graus, un lugar maravilloso que luce con orgullo el ser la capital de la Ribagorza, dentro de las muchas sorpresas recibidas, he tenido la suerte de conocer a Ángel, una excelente persona de pasado los 70, que me ha hecho participe de esta palabra que el mismo a inventado y a la que ha dado sentido. En pocas palabras gracias a Ángel el diccionario de la Real Lengua Española podría incluir de popularizarse esta singular palabra.


Quizás un servidor y en mi propia forma de pensar veo más allá y me pregunto, no será el foimesmo una forma de tener una mejor existencia, que nos pide para que podamos realizarla y hacerla nuestra, solo dedicarle unos 15 minutos diarios enfrentados a la naturaleza para que pueda recrear nuestras dos dualidades, el cuerpo perecedero y el alma eterna, una forma de llegar a la conciencia cómo unión entre ambas y alcanzar no solo el relax, ya de por si satisfactorio, sino la paz. Una forma de atiborrarse de energía positiva que nos permita sobrevivir en un mundo hecho de sobresaltos, una forma de dejar a un lado el odio, el rencor, el miedo, el mal de ojo, la envidia, la frustración, la mala vibra, la impotencia, la palabrería, el insulto, la denigración, la incomprensión, la discusión, la dejadez, lo impropio, todas acciones que se dan en forma continua y que atentan sobre la libertad de las personas y generan daños importantes en el cerebro de las mismas, generando distanciamiento en las sociedades.


Por eso le he tomado cariño al foimesmo, por qué es una acción individual que te permite encontrarte y adquirir una mayor sapiencia en cómo se comporta la vida a tu alrededor. Mis antecesores me decían, a veces; es importante estar solo y fundirte contigo mismo, en una confesión sin engaños para poder hallarte y entonces saber donde estas, cómo estás y cómo debes actuar. Después y con el transcurrir de los años, nos fueron dando métodos para poder estar tranquilos y relajarnos, la meditación, el yoga, el rezo, o bien terapias de sociología, psicología, psiquiatría e incluso tratamiento de grupos contra costumbres adquiridas, todos ellos encaminados a lo mismo, tratar de estar en paz contigo mismo.


Voy a intentar con permiso de mi amigo, darles una solución sencilla a mucho de lo que les acabo de comentar, no importa la hora que decidan, pero diríjanse al pie de una montaña, al cauce de un río, frente a una catarata, al lado de una calmada playa de arena, o en el pedestal de unas rocas mientras enfrentan y reciben las olas del mar, o pónganse frente a un castillo, un monasterio, un puente, una iglesia, una sinagoga, una mezquita, un mural, un cuadro, un espejo, no importa, al fin y al cabo donde. Pero déjense absorber por el entorno donde estén, cierren momentáneamente los ojos y vayan abriéndolos poco a poco para descubrir que están rodeados de situaciones maravillosas, únicas, están gozando de la pantalla que ustedes mismos eligieron para tratar de alimentarse de buenas vibras. Noten todo lo que esta al su alrededor, la brisa, el roció, el viento, el sonido, el sol, el suelo, el infinito del cielo, vean y recréense en todo, y cuando alcancen este momento mágico, dejen que todo lo que está expuesto les hable, reciban y perciban en su cabeza su traducción a lo que sucede, se darán cuenta que su mente se libera y queda sumida en la nada, en dónde todo es nuevo y perceptible, verán como incide de tal forma que es capaz de llenar de paz tu alma, es capaz de hacer latir tu corazón más lentamente, es capaz de llevarte a amar nuestro planeta, es capaz de llevarte a la conclusión de que todavía y a pesar del ser humano tenemos salvación. Es entonces cuando aprendes a tranquilizarte, a admitir la responsabilidad que te corresponde y a estar en paz contigo mismo. En pocas palabras es cuando experimentas el foimesmo.


Dirigido a mi amigo Ángel.

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